Los gobiernos de las principales potencias europeas comenzaron a coordinar posiciones frente a la posibilidad de que Estados Unidos impulse una iniciativa para asumir el control de Groenlandia, el territorio ártico con autonomía interna que integra el Reino de Dinamarca. La situación surge en un contexto de creciente tensión diplomática entre Washington y sus socios europeos.
Francia y Alemania encabezan las conversaciones con el objetivo de construir una postura común que permita responder de manera coordinada ante cualquier avance estadounidense, incluso ante declaraciones que mencionaron, de forma indirecta, escenarios que podrían incluir el uso de la fuerza. Desde Europa remarcan que la soberanía de Groenlandia corresponde a su población y a Dinamarca, y recuerdan la vigencia de los principios establecidos por la Carta de las Naciones Unidas en materia de integridad territorial y respeto de fronteras.
El tema ganó fuerza luego de que funcionarios del gobierno estadounidense volvieran a insistir en el interés del presidente Donald Trump por incorporar Groenlandia a Estados Unidos, argumentando razones estratégicas vinculadas a la seguridad en el Ártico y a la presencia creciente de actores como Rusia y China en esa región. Si bien desde la Casa Blanca señalaron que una intervención militar no es la opción prioritaria, la reiteración de estas expresiones generó inquietud en varias capitales europeas.
Como respuesta, líderes de Francia, Alemania, Italia, España, el Reino Unido y Polonia difundieron un pronunciamiento conjunto en respaldo a la soberanía danesa sobre la isla. En el comunicado subrayaron que Groenlandia “pertenece a su pueblo” y que cualquier definición sobre su futuro debe surgir exclusivamente de las decisiones de Groenlandia y Dinamarca, sin presiones externas.
Desde Copenhague, en tanto, autoridades danesas advirtieron que una acción unilateral de Estados Unidos sobre el territorio de un país aliado dentro de la OTAN podría provocar serias consecuencias para la relación transatlántica.
De este modo, Groenlandia se consolida como un punto clave en la agenda geopolítica internacional, donde se cruzan intereses estratégicos, disputas de seguridad y el respeto por la soberanía nacional, mientras Europa refuerza su coordinación ante posibles movimientos de Washington en el Ártico.