Cada 30 de noviembre Argentina celebra el Día Nacional del Mate, una fecha que rinde homenaje a uno de los símbolos más profundos de la identidad cultural del país. La conmemoración recuerda el nacimiento de Andrés Guacurarí y Artigas, líder misionero nacido en 1778 y figura clave del federalismo en las antiguas Provincias Unidas.

La efeméride fue establecida por ley en 2015, luego de que el Congreso sancionara en 2014 la normativa que fijó esta fecha en el calendario oficial. Desde 2013, además, el mate es reconocido como infusión nacional, reflejo de su lugar central en la vida cotidiana y en las costumbres de millones de argentinos.

El término mate proviene del quechua matí, que hacía referencia a la calabaza utilizada tradicionalmente como recipiente. La bombilla, por su parte, era conocida como tacuarí, una simple varilla hueca empleada para sorber la bebida. Si bien la forma de preparar y compartir el mate ha evolucionado con el paso del tiempo, el ritual se mantiene intacto: una pausa que invita a la charla, la compañía y el encuentro.

Una tradición que atraviesa generaciones

El mate es la infusión más elegida del país y está presente en más del 90% de los hogares argentinos, según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Su popularidad también se explica por sus propiedades: posee un notable aporte antioxidante, incluso superior al del té verde y el vino tinto. Estos compuestos ayudan a neutralizar radicales libres asociados al estrés, la contaminación y la mala alimentación.

Pero más allá de sus beneficios, el mate es un gesto cultural. Es identidad, compañía y símbolo de comunidad. Viaja en mochilas y valijas, acompaña a argentinos que viven en el exterior y se hace lugar en las rutinas de deportistas y personalidades de todo el mundo que adoptaron esta tradición como propia.

Este 30 de noviembre, el país vuelve a celebrar una costumbre que trasciende generaciones y fronteras: el mate, un ritual que une y que forma parte del corazón mismo de la cultura argentina.